sweet imagine

Un espacio para adultos

Este sitio contiene material sensual destinado únicamente a mayores de 18 años. Las imágenes están generadas con inteligencia artificial y los relatos son ficción escrita por el autor. Para continuar, confirma tu edad y tu consentimiento.

Imágenes generadas con IA · Relatos de ficción escritos por el autor · Verificación básica de edad · Tu elección se recuerda en este navegador.

Relato 01

El chofer

23 de junio de 2026 16 fotos 13 vídeos

Esta noche decidí que ya no quería dejarlo con las ganas.

A mis veintiún años hay días en los que no entiendo muy bien qué me está pasando. Cuido tanto mi alimentación y entreno con tanta constancia en el gym que mi cuerpo ha cambiado, se ha vuelto más firme, más suave, más mío. Y cuanto más lo mimo, más segura me siento y más me gusta notar cómo las miradas se quedan en mí. Me gusta descubrir el poder que tengo. Me gusta sentir que puedo elegir. Y esta noche, por primera vez, elegí no parar a medias.

El vestido negro era corto y escotado, sencillo, pero contra mi piel se sentía como una caricia. Cuando me subí al coche, el chofer —un hombre maduro de unos cuarenta años— no pudo evitar que su mirada bajara hacia mis piernas cada vez que se detenía en un semáforo. En uno de ellos se despistó tanto que el coche dio un pequeño bandazo. En vez de asustarme, solté una risa suave y sentí cómo algo cálido y travieso se despertaba dentro de mí.

— ¿Te importa si aprovecho el trayecto largo para probarme una cosita que me han dado las marcas? —pregunté con voz dulce, casi inocente.

Él asintió, tragando saliva. Empecé a cambiarme en el asiento trasero con calma, sin prisa, sabiendo que me estaba mirando por el retrovisor. Primero me quité el vestido negro y me quedé solo en ropa interior. Luego saqué el body de encaje negro que me habían regalado. Me lo fui poniendo despacio, metiendo los brazos, ajustando las copas sobre mis pechos, subiendo la cremallera lateral mientras arqueaba la espalda para que viera mejor. La tela de encaje se pegaba a mi piel y dejaba ver todo. Me giré un poco de lado, dejé que la luz de las farolas entrara y noté cómo su respiración cambiaba.

Me tomé mi tiempo. Me pasé las manos por el cuerpo como si estuviera probándome la prenda solo para mí, pero en realidad lo estaba haciendo para él. Toqué mis propias caderas, subí las manos por mi cintura, me arreglé el escote dejando que mis pechos quedaran bien marcados. Cada movimiento era lento, deliberado. Vi cómo su mano bajaba y empezaba a acariciarse por encima del pantalón. La forma gruesa que se marcaba era imposible de disimular. Eso me gustó. Me gustó mucho.

Entonces me animé más. Me quité el body también, muy despacio, y me quedé completamente desnuda en el asiento trasero. Las ventanillas empezaban a empañarse un poco. Me recosté, abrí un poco las piernas, dejé que la luz me diera en la piel y me toqué el pelo, el cuello, bajé las manos por mis pechos y mi vientre, como si estuviera explorándome yo misma. Todo el rato notaba su mirada clavada en mí. Su mano ya no se escondía: se frotaba abiertamente la polla por encima de la tela. El ambiente dentro del coche era denso, cargado, casi eléctrico.

— Para un momento, por favor —le pedí cuando encontramos un lugar más tranquilo, un poco apartado de la carretera. Las luces de la ciudad parpadeaban lejos, pero dentro del coche solo estábamos nosotros.

Se metió en el asiento trasero casi sin aliento. Sus manos fueron directas a mí. Nunca nadie me había tocado así. Amasaba mis piernas con devoción, subía por mis costados, rodeaba mis pechos, pero sobre todo se detenía en mi culo, ese que tanto trabajo me cuesta mantener firme en el gym. Sus dedos grandes y cálidos presionaban, amasaban, separaban, como si estuviera trabajando algo precioso y delicado. Cada caricia era profunda, lenta, casi reverente. Me sentía deseada de una forma que me mareaba.

En un momento, mientras me besaba el cuello y yo me arqueaba contra él, uno de sus dedos resbaló tímidamente hacia mi entrada más íntima, la de atrás. Una descarga de placer nuevo, caliente y sorprendente, me recorrió toda la columna. Me gustó. Me gustó mucho. Pero como nunca lo había hecho por ese camino, con suavidad aparté su mano y le susurré cerca de la oreja:

— Hoy no… por favor. Me encanta cómo me tocas, pero por ahí aún no estoy lista.

Él asintió, respetuoso, y volvió a concentrarse en todo lo demás con esa misma intensidad. Sus manos seguían trabajando mi culo con esa adoración que me volvía loca. Me sentía como si pudiera derretirme entre sus dedos.

Me coloqué encima de él. Saqué su miembro, largo y grueso. Lo guié dentro de mí despacio. Noté cómo entraba, cómo me abría, pero aunque era largo no llegaba del todo al fondo, no me completaba del todo como a veces me gusta. Aun así empecé a moverme. Lo que realmente me estaba volviendo loca no era la profundidad… eran sus manos. Esas manos grandes que no paraban de amasar y apretar mi culo con fuerza suave, que recorrían mi espalda, que me sujetaban las caderas como si no quisiera soltarme nunca. Me sentía tan deseada, tan manoseada, tan… usada de la forma más dulce posible. Sabía que para él esto era un regalo imposible, algo que probablemente nunca volvería a pasar. Una chica de veintiún años, una modelo, desnudándose en su coche, dejándose tocar así, cabalgándolo. Esa idea me excitaba casi más que el acto en sí.

Cabalgaba despacio, sintiendo cada centímetro que entraba y salía, pero lo que más me gustaba era ver su cara de incredulidad y placer, notar cómo sus manos me adoraban el cuerpo, saber que yo le estaba dando algo que él guardaría para siempre en la memoria. Me sentía un poco usada, sí… pero de una forma que me gustaba. Como si fuera un regalo precioso que le estaba haciendo.

Cuando él se corrió, lo hizo con un gemido ahogado, apretándome fuerte contra él. Me quedé arriba un momento, sintiendo su polla todavía dentro de mí aunque ya no estaba tan dura, y sus manos que seguían amasando mi culo con esa devoción lenta. Luego nos movimos despacio. Él se recostó contra el asiento y yo me acomodé entre sus piernas, con la cabeza apoyada en su pecho sudoroso. Nuestros cuerpos estaban calientes, brillantes de sudor. Una fina hebra de saliva me cayó de los labios y fue a parar sobre su piel. No me limpié. Me gustaba estar así, pegada a él, sintiendo su corazón latiendo fuerte bajo mi mejilla.

Nos quedamos mucho rato sin movernos. Las luces de la ciudad seguían parpadeando fuera, borrosas a través de las ventanillas empañadas. Sus manos no paraban del todo: de vez en cuando me acariciaban la espalda, me apretaban suavemente una nalga, me recorrían el costado como si todavía no pudiera creer que yo estuviera allí, desnuda, en su regazo. Yo tampoco quería moverme. Notaba su semen tibio entre mis muslos y su polla descansando contra mi piel. No había ido al evento. En algún momento había decidido que no iba a ir. Este momento valía mucho más.

Me gustaba la sensación de haber sido su regalo. Me gustaba saber que un hombre maduro como él, que probablemente nunca volvería a tener algo así, se iba a quedar con esta noche grabada para siempre. Me gustaba haberme dejado manosear, desear y usar de esta forma tan intensa y tan dulce al mismo tiempo. Sus manos seguían ahí, grandes y cálidas, posadas en mi culo como si ya no supieran hacer otra cosa.

Nos quedamos así mucho tiempo, abrazados, sudorosos, respirando juntos en la penumbra del coche. Yo con la cabeza en su pecho, escuchando cómo poco a poco se le calmaba el corazón. Él con las manos todavía en mí, como si quisiera grabar en la memoria cada curva de mi cuerpo. No hablamos mucho. No hacía falta.

Al final, cuando por fin nos separamos un poco, las ventanillas estaban completamente empañadas y el coche olía a sexo y a cuero caliente. Me vestí despacio, sin prisa, mientras él me miraba en silencio. No fui al evento. No me importó. Esa noche me quedé con algo mucho mejor: la certeza de que había sido exactamente lo que él necesitaba… y de que a mí me había gustado serlo.

El relato

¿Te ha inspirado algo? ¿Quieres contarme qué te ha parecido?

Escríbeme →

¿Quieres saber cuándo publico algo nuevo?

Un aviso discreto a tu correo, nada más. Sin spam, date de baja cuando quieras.

Ver imágenes