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Relato 05

Me encanta que me mires

2 de julio de 2026 40 fotos

Hoy he subido un montón de fotos mías y no he podido evitar tocarme mientras las seleccionaba. Hay algo en la idea de que alguien, ahora mismo, esté mirando mi cuerpo en diferentes luces, diferentes estados, diferentes formas de estar expuesta… que me hace mojarme antes incluso de terminar de escribir esta frase.

Cuando empecé esta entrada ya tenía la mano dentro de las bragas. Es casi automático. Abro la carpeta de imágenes y de pronto mis dedos están ahí, dibujando círculos lentos sobre el clítoris mientras imagino que tú estás al otro lado, con la polla dura, acariciándote al ritmo de mis respiraciones. Me gusta pensar que quizás estás solo, o que tu pareja duerme al lado y tú has tenido que levantarte porque no podías dejar de mirarme. Me gusta pensar que mi piel te está haciendo perder el control.

A veces cierro los ojos y me imagino que estás ahí, al otro lado de la pantalla, con la polla dura en la mano, sin poder dejar de mirarme…

Me gusta cuando estoy así, de rodillas en la orilla, el cielo todavía oscuro, el mar moviéndose detrás de mí, completamente desnuda y con las manos en el pelo mojado. Esa mirada directa, sin bajar los ojos, como si te estuviera retando a seguir mirándome mientras te tocas. Me excita imaginar que alguien se corre con esa foto, que no puede apartar la vista de mis pechos brillantes, de mi vientre, de cómo estoy ofrecida y al mismo tiempo mirándolo todo. A veces aprieto más los dedos cuando pienso en eso.

Incluso cuando estoy vestida, con ese vestidito rojo de florecitas que apenas me llega a los muslos, sonriendo contra la pared mientras las sombras de las hojas me dibujan el cuerpo… hay algo en esa imagen que me pone cachonda. Me imagino que alguien la ve y quiere subírmelo deprisa, que quiere ver qué hay debajo, que se pone duro solo con la idea de que estoy sonriendo así porque sé que me están mirando. Me gusta esa mezcla de inocencia y malicia. Mientras escribo esto, mis dedos están más resbaladizos.

O cuando me pongo de espaldas en la cama, con esos pantalones blancos bajados hasta los muslos y te miro por encima del hombro. La curva de mi espalda, la redondez de mis nalgas tan marcada, la forma en que estoy casi desnuda pero todavía con algo de ropa… me gusta pensar que alguien se está masturbando con esa imagen, que se imagina cogerme así, desde atrás, mientras yo sigo mirando, sonriendo un poco, como si supiera exactamente lo que está pasando en su cabeza. Esa foto me hace sentir deseada de una forma muy concreta. Muy física.

Y luego está la de las cadenas. La camisa blanca abierta, las muñecas y los tobillos sujetos, el cuerpo completamente ofrecido sobre la cama. Esa me pone especialmente sensible. Me gusta imaginar que alguien la mira y se corre pensando en tenerme así, sin poder cerrar las piernas, sin poder taparme, solo mirándome mientras se masturba encima de mí. A veces, cuando estoy muy excitada, me meto dos dedos y me muevo como si estuviera siendo follada por esa fantasía. Me gusta sentirme vulnerable y deseada al mismo tiempo. Me gusta saber que esa imagen puede hacer que alguien pierda el control.

Hay otras en las que estoy en la bañera, con la espuma jugando a descubrirme, sonriendo de verdad porque me está gustando que me miren. O en la playa, tumbada de espaldas, los ojos cerrados, el agua llegando a mis pies, completamente desnuda bajo el sol. O con la tela blanca casi transparente, de espaldas, levantando los brazos… todas me hacen lo mismo. Todas me hacen pensar en manos que se mueven más rápido, en respiraciones que se entrecortan, en alguien que se corre diciendo mi nombre aunque no sepa quién soy.

Me encanta que me mires. Me encanta imaginar que estás duro, que estás mojada, que estás a punto de correrme o de correrme porque me has visto. Me encanta pensar que quizás has vuelto a alguna de estas fotos varias veces, que has elegido una favorita, que te has corrido más fuerte con una que con las otras.

Dime… ¿cuál ha sido? Cuéntamelo. Porque si sé cuál te ha hecho correrte más, la próxima vez me pondré exactamente igual, en la misma luz, en la misma pose… solo para ti. Y mientras tanto, aquí sigo, con los dedos brillantes y el corazón latiendo fuerte, esperando que alguien se esté tocando ahora mismo pensando en mí.

Y eso, precisamente eso, es lo que más me excita de todo.

El relato

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