sweet imagine

Un espacio para adultos

Este sitio contiene material sensual destinado únicamente a mayores de 18 años. Las imágenes están generadas con inteligencia artificial y los relatos son ficción escrita por el autor. Para continuar, confirma tu edad y tu consentimiento.

Imágenes generadas con IA · Relatos de ficción escritos por el autor · Verificación básica de edad · Tu elección se recuerda en este navegador.

Relato 01

Conociendo a pablo

5 de julio de 2026 6 fotos 7 vídeos

Esta noche en la discoteca, con las luces de neón pintando todo de morado y verde, decidí que ya era hora de sentar un poco la cabeza y empezar a hacer las cosas de otra manera.

Llevaba semanas dándole vueltas, hablando con mis amigas hasta tarde, cansada de ese jaleo constante en el que me había metido. Chicos de todo tipo, muchos mayores, noches que empezaban con risas y acababan vacías, dejándome la cabeza hecha un lío justo cuando más necesitaba concentrarme para terminar la universidad. Quería algo distinto: un chico tranquilo, un novio de verdad con el que salir, reírnos, conocernos poco a poco, sin saltar a la cama la primera noche como había hecho tantas veces. Mis amigas me animaron: “Nora, tú puedes. Elige bien esta vez”.

Y de repente, allí estaba él. Pablo. Alto, delgado, con el pelo rizado oscuro y una sonrisa que parecía sincera desde el primer momento. No era de los que se abalanzan con prisas. Tenía una mirada dulce, de buen chico. Nos miramos desde la barra, sonreímos y pronto estábamos riendo juntos mientras pedíamos chupitos. Yo, un poco traviesa como siempre, después de brindar le pasé la lengua por el cuello y él soltó una risa preciosa, pero sus ojos se clavaron en los míos con un deseo dulce que me llegó directo al estómago.

Bailamos. Su mano se posó en mi cintura con una firmeza suave, tirando de mí hacia él. Nuestros cuerpos se pegaron, moviéndose al compás de la música, y cada roce me encendía un poco más. Sentía el calor de su piel a través de la tela fina de mi vestido negro, cómo sus dedos rozaban la zona descubierta de mi espalda. Me giró, me abrazó por detrás, su pecho contra mi espalda, sus manos bajando hasta mi vientre, apretándome con cuidado pero con ganas. Apoyé la cabeza en su hombro, cerré los ojos y dejé que el momento me envolviera. Era tan diferente a otras veces… tan tierno y a la vez tan cargado de electricidad.

Sus labios encontraron los míos en un beso que empezó con dulzura y se transformó en algo más profundo. Nuestras lenguas se buscaron, bailaron juntas, húmedas y ansiosas. Me besó el cuello, yo le mordí suavemente el labio inferior y él gimió bajito contra mi boca. Nuestras manos exploraban, las suyas subiendo por mis costados, las mías en su nuca, en su pelo. Noté cómo se excitaba, duro contra mi barriga mientras nos apretábamos en la pista, y un calor delicioso y húmedo se extendió entre mis piernas. Mi cuerpo entero pedía más, como siempre había hecho, pero por primera vez en mucho tiempo la cabeza me dijo que no.

Quiero conocerte de verdad, Pablo… despacio.

Le sonreí, le di un último beso suave y corto, y le pasé mi teléfono. “Escríbeme mañana, ¿vale?”. Me alejé sintiendo su mirada en mi espalda, el corazón latiendo desbocado y un deseo intenso que me acompañó todo el camino a casa. Estaba caliente, muy caliente, y él más todavía, lo vi en sus ojos y en cómo se quedó allí parado, sonriendo como un tonto. Pero me sentí bien conmigo misma. Orgullosa. Esta vez elegí ir a mi ritmo, elegir con la cabeza y con el corazón, no solo con el cuerpo.

Llegué a casa, me quité el vestido negro y me metí en la cama pensando en él. En lo alto que es, en lo delgado y fuerte a la vez, en cómo sus manos me sujetaban con respeto incluso cuando el deseo le ardía. En el sabor de su boca, en la forma en que me miró cuando le dije que quería ir despacio. Toqué mi piel donde él me había tocado y suspiré, sonriendo en la oscuridad. Quizás Pablo sea el principio de algo bueno. Algo tranquilo que me ayude a centrarme en mis estudios, en mi futuro, pero que también me haga sentir esta mariposa tan rica en el estómago cada vez que pienso en él.

Mañana espero su mensaje. Y esta vez, voy a contestar con ganas… pero sin prisas. Porque por primera vez en mucho tiempo, quiero hacer las cosas bien.

El relato

¿Te ha inspirado algo? ¿Quieres contarme qué te ha parecido?

Escríbeme →

¿Quieres saber cuándo publico algo nuevo?

Un aviso discreto a tu correo, nada más. Sin spam, date de baja cuando quieras.

Ver imágenes