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Relato 02

El pijama

19 de junio de 2026 7 fotos 5 vídeos

Esta noche el pijama rosa volvió a susurrarme al oído desde el armario.

Me lo puse frente al espejo de mi bonito cuarto y supe que no iba a ser una noche tranquila. La tela suave se pegaba a mi piel como una caricia constante, marcando la curva de mis pechos y rozando mis pezones hasta endurecerlos. Me di una vuelta lenta, mirándome de frente y de lado. Me gustaba cómo me quedaba… demasiado. Me hacía sentir sexy, deseada, peligrosa incluso en la intimidad de mi propia habitación.

Abrí el diario, pero las palabras no salían. En su lugar, una inquietud cálida empezaba a subir por dentro de mis muslos. Me levanté otra vez. Mis manos subieron solas por mi cintura, subieron más, y apretaron suavemente mis pechos por encima de la tela rosa. Un suspiro se me escapó. Bajé una mano, despacio, hasta rozar la tela entre mis piernas. Ya estaba húmeda.

No pude contenerme. Metí la mano dentro del pijama y mis dedos encontraron mi clítoris hinchado y resbaladizo. Empecé a frotar en círculos lentos, luego más rápidos. El placer subía como una ola. Mis gemidos se hicieron más fuertes, demasiado altos para estar sola en casa. Me tapé la boca con la otra mano, mordiéndome los dedos mientras mis caderas se movían solas contra mi mano. Metí dos dedos dentro de mí, mojados hasta los nudillos, y seguí frotando el clítoris con el pulgar. El sonido húmedo de mis dedos moviéndose era obsceno y me excitaba todavía más.

El orgasmo me pilló de golpe, brutal. Mi cuerpo se arqueó violentamente hacia atrás, las rodillas me fallaron y tuve que apoyarme contra el espejo para no caerme. Un grito largo y ahogado se me escapó contra mi propia mano mientras mi sexo se contraía con fuerza alrededor de mis dedos. Sentí cómo me corría con violencia, oleadas y oleadas de placer que me recorrían el vientre, los muslos, incluso me salpicaron un poco la mano y el pijama. Mi cuerpo temblaba sin control, las caderas seguían empujando solas, y cada contracción era más intensa que la anterior. Me corrí tan fuerte que por un momento dejé de ver, solo sentía placer puro, líquido y caliente bajando por mis piernas. Cuando por fin pude respirar, tenía las piernas temblando y una sonrisa tonta en la cara.

Me dejé caer en la cama, agotada y satisfecha. El pijama rosa, ahora arrugado y con una mancha húmeda entre mis piernas, me envolvía como un secreto suave. Apagué la luz, me acurruqué entre las sábanas de mi bonito cuarto y, con una sensación dulce y pesada en todo el cuerpo, me quedé profundamente dormida.

El relato

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