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Relato 01

Puta por un día

19 de junio de 2026 10 fotos 8 vídeos

Ayer cobré por estar con un hombre por primera vez en mi vida. Dos mil euros por una noche completa. Todavía llevo el dinero en el bolso y sigo sin saber muy bien qué siento.

Mi amiga me llamó por la tarde y me contó que un cliente suyo, un hombre de cincuenta y cinco años muy elegante y bien cuidado, buscaba compañía para toda la noche. Al principio me negué. Nunca había hecho algo así. Pero ella me dijo que era de confianza, que lo conocía bien y que pagaba dos mil euros. El dinero me hizo dudar… y al final acepté. Quedamos para las nueve en una casa grande a las afueras de la ciudad.

Cuando llegué, él mismo me abrió la puerta. Era alto, con el pelo entrecano y un olor muy agradable. Me dio un poco de vergüenza al entrar. La casa era preciosa, silenciosa y con una luz suave. Me ofreció una copa de cava casi nada más llegar. Brindamos y empezamos a hablar. Poco a poco me fui relajando. En un momento me pidió, con mucha educación, que me desnudara. Me temblaban las manos, pero lo hice. Se acercó despacio y empezó a besarme el cuello y los hombros. Sus manos eran cálidas y suaves. Me acarició con paciencia, como si quisiera conocerme poco a poco. Me gustó cómo me miraba.

Mi amiga me había dicho que era normal ducharse antes, así que fuimos al baño. Era enorme, todo de mármol claro, con una ducha grande de lluvia y luces cálidas. Entramos juntos. El agua caliente caía sobre nosotros mientras él me enjabonaba con delicadeza. Usaba un gel con un olor caro y agradable. Me enjabonó el cuerpo con cuidado, prestando atención a cada parte de mí. Yo también le enjaboné a él. Nos besamos bajo el agua, despacio, sintiendo cómo nos íbamos relajando y deseando al mismo tiempo. Salimos envueltos en toallas blancas y grandes, y fuimos hacia el jacuzzi que tenía en una terraza acristalada.

El agua estaba caliente y las burbujas subían suavemente. Nos metimos desnudos. Él se sentó y me atrajo hacia él. Empezamos a besarnos con más intensidad. Sus manos me recorrían la espalda y las caderas. Poco a poco me fui colocando encima de él. Me besaba el cuello y los pechos mientras yo me movía contra su cuerpo. En un momento me levantó un poco y me fue bajando despacio hasta que lo sentí dentro de mí. El agua nos envolvía, caliente y suave. Empecé a moverme arriba y abajo, despacio al principio. Él me miraba fijamente, con los ojos entrecerrados de placer, y me agarraba las caderas con fuerza pero sin brusquedad. Me gustaba cómo me observaba. Al final se corrió con un gemido largo y profundo, abrazándome contra su pecho mientras las burbujas seguían subiendo a nuestro alrededor. Yo no llegué al clímax, pero disfruté mucho. Disfruté de sentirme deseada, de cómo me tocaba y de la forma en que me miraba.

Después nos secamos y fuimos a su dormitorio. La cama era grande y las sábanas suaves. Me pidió que me pusiera solo las botas. Me miró mientras me las colocaba y sonrió con ternura. Me subí encima de él y empecé a moverme despacio. Me gustaba estar así, mirándolo desde arriba, sintiendo cómo me deseaba. Él me acariciaba los muslos y los pechos con suavidad. Cuando se corrió por segunda vez, se quedó un rato mirándome en silencio. Me observaba como si fuera algo valioso, como si no quisiera que me moviera de allí. Esa mirada me llegó muy adentro.

Al final me vestí poco a poco. Él se quedó tumbado, desnudo, sin dejar de mirarme. No dijo mucho, solo que había sido perfecto y que le había gustado mucho. Cogí el sobre con el dinero, me dio dos besos en las mejillas y me acompañó hasta la puerta. Fuera ya había anochecido. El aire fresco me dio en la cara cuando salí. Me subí al coche con el bolso en el regazo y conduje de vuelta a casa en silencio, pensando en todo lo que había pasado.

No sé si repetiré la experiencia. Pero ayer… ayer fui puta por un día. Y, aunque me da un poco de vergüenza admitirlo, no me arrepiento.

El relato

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